Malditos ilusos, ignorantes, ¿acaso pensabais que podría evitarlo? No. Lo llevaba implícito en su existencia. Su instinto no dejaba lugar a captura. Nada de redes, ni jaulas, ni estúpidas artimañas. Esos gilipollas lo único que querían era aumentar la colección, su ego, y almacenarla junto a las demás en una vitrina, a modo de trofeo, para admirar durante algún tiempo las extrañas formas de sus redondeadas alas, los colores, marrones y anaranjados, las texturas, suaves e imperfectas. Pero de ser un trofeo en pared a un insecto en caja-cajón hay dos días, y ella, hábil voladora, no se dejaría atrapar tan fácilmente.
Desconfiada, a la mínima sensación de calor, daba un saltito y...zas! a otra flor!! Rechupeteaba el néctar hasta escupir fluídos, dejando huella, y...zas! a volar!!
Hasta que cierto día....
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